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La curiosidad no tiene género, y el futuro de la ciencia necesita urgentemente de la mirada y el talento de las jóvenes de hoy.
Por: eSTEAMadas
Elia Ivars, una estudiante de doctorado en neurociencias, habló en eSTEAMadas (impulsado por Ticas Poderosas, en colaboración con la Embajada de España en Costa Rica y la Red Española-Costarricense de Ciencia, Innovación y Tecnología (RECIT)). Elia se especializa en el papel del ADN mitocondrial en la neurodegeneración.
Para Elia, el camino hacia la ciencia se dio de forma completamente natural y espontánea. Desde pequeña sintió una profunda fascinación por el funcionamiento de las células y el cerebro humano. Sin embargo, su verdadera chispa e impulso nacieron de una vivencia muy íntima: ver cómo su propia familia sufría a causa de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson y la demencia. Con la ilusión infantil de “curar el Alzheimer”, encaminó sus pasos hacia la biomedicina. “La ciencia no es de hombres”, afirma con total seguridad, compartiendo que en su instituto de investigación la gran mayoría de sus colegas son, de hecho, científicas.
Al hablar de referentes, Elia confiesa que no tuvo muchas figuras científicas femeninas visibles en su entorno durante su infancia. Recuerda con gracia cómo su tía abuela le regaló cuatro biografías distintas de Marie Curie, una científica admirable pero que tuvo que llevar una vida de extremo sacrificio y total devoción para ser valorada en su época. Hoy en día, Ivars prefiere inspirarse en figuras como Lynn Margulis, quien defendió firmemente sus teorías biológicas a pesar del rechazo inicial de sus contemporáneos.
“Hacer la tesis doctoral es tener un máster en prueba y error.” Con esta frase, Elia aborda uno de los mayores temores de las jóvenes actuales: el miedo a equivocarse en un entorno social y digital que muchas veces les exige una perfección constante. En el laboratorio, los errores ocurren a diario y pueden llegar a costar miles de euros en reactivos, pero ella invita a redefinirlos como la oportunidad perfecta para aprender y avanzar. Para la investigadora, fallar es simplemente una parte natural del método científico; un paso necesario que nos enseña cómo no hacer las cosas para poder descubrir, eventualmente, la respuesta correcta.
Carreras de futuro
Las neurociencias y la biomedicina se consolidan firmemente como las carreras del futuro. Así como en la Edad Media el gran desafío de la biología fue la peste negra, hoy la humanidad se enfrenta al reto de las enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares, y pronto a la resistencia bacteriana a los antibióticos. Para combatir estas amenazas se requieren mentes pensantes, diversas y creativas. No obstante, Elia resalta que la pasión no debe consumir la salud mental: ella misma mantiene una jornada laboral normal de ocho horas para equilibrar su vida científica con el deporte, la cocina y sus amistades, demostrando que se puede hacer ciencia de alto nivel sin descuidar el bienestar propio.
Eso sí, Elia denuncia las barreras estructurales en el sector STEM. Aunque en las etapas iniciales de la carrera investigadora las mujeres representan cerca del 60% del personal en su área, la cifra cae drásticamente hasta el 30% cuando se analizan los puestos de poder y alta dirección. Factores como la maternidad o el cuidado de dependientes siguen alimentando un injusto techo de cristal. Por ello, visibilizar estos logros e incentivar a niñas de 10 o 12 años a ingresar sin miedo en disciplinas numéricas, informáticas y biológicas es vital para transformar el paradigma actual y asegurar que el talento femenino ocupe el lugar que legítimamente le corresponde.
